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¡PERSIGUE AL LEÓN!

Adaptado de un artículo de Mark Batterson, Catalyst

El capítulo 23 del 2º libro de Samuel enumera los «valientes del rey David» (versículo 8)

Uno fue «Benaía, hijo de Joaida, hijo de un varón esforzado, grande en proezas, de Cabseel, que mató a dos leones de Moab: también descendió y mató a un león en medio de un foso cuando estaba nevando» (versículo 20).

Las Escrituras no nos dicen qué hacía Benaía en el momento en que se topó con el león. No sabemos cuál era su estado de ánimo, pero sí cuál fue su reacción. ¡Tuvo agallas!
Cuando la imagen de una fiera que se alimenta de carne humana recorre el nervio óptico y queda registrada en el cerebro, normalmente transmite un mensaje principal: Huye lo más rápido y más lejos que puedas.

Las personas normales huyen. Los cazadores de leones, no. Son de otra casta. No detectan problemas de 225 kilos. Cuando ruge una oportunidad, agarran el toro por los cuernos.

A riesgo de incurrir en una obviedad, digamos que Benaía no llevaba las de ganar. Además de pesar hasta 225 kilos y correr a 55 km/h, el león cuenta con una vista cinco veces superior a la del hombre en condiciones óptimas. Aquel león tenía una superioridad enorme en un foso con escasa luz. En un lugar resbaloso y cubierto de nieve el equilibrio de un león con reflejos felinos supone una ventaja considerable.

¿No da la impresión de que Benaía no era muy inteligente a la hora de decidir dónde y con quién pelear? Lo suyo fue en extremo arriesgado e imprevisible. Sin embargo, las Escrituras no dicen que Benaía fuera prudente, sino esforzado.

Los cazadores de leones no se proponen evitar situaciones en las que lleven las de perder. Saben que las circunstancias imposibles dan lugar a milagros asombrosos. Esas son las experiencias que hacen que la vida valga la pena, las experiencias que vale la pena contar.

Donde menos querríamos estar la mayoría sería en un foso con un león en un día de nieve. Pero hay que reconocer algo: en un currículum vitae para postular ante el rey de Israel a un puesto de guardaespaldas, decir «maté un león en un foso un día que estaba nevando» tendría un peso tremendo.

Benaía no solo consiguió el puesto de jefe de la guardia de David, sino que fue ascendiendo por la jerarquía hasta llegar a comandante del ejército de Israel. Terminó por convertirse en la segunda autoridad del reino, y la genealogía de su éxito se remonta a su enfrentamiento a muerte con un animal devorador de hombres. No le quedaba otra que huir o luchar. Y tuvo las agallas para enfrentarse al león.

Dios necesita a más personas con el espíritu de Benaía. Uno de los rasgos menos valorados de los grandes líderes es el valor. Los grandes dirigentes tienen agallas. Esas agallas se manifiestan de diversas formas dependiendo de las circunstancias, pero los líderes y cristianos valientes se atreven a ser diferentes. Plantan cara al sistema establecido.

¡Nadie tuvo más agallas que Jesús! No tuvo miedo de ofender a los escribas y fariseos, tocar a los leprosos, lavar pies, defender a prostitutas o trabar amistad con publicanos (recaudadores de impuestos).

No está de más citar las palabras de la escritora británica Dorothy Sayers: «Los que crucificaron a Jesús no lo hicieron porque Él fuera un ñoño. Todo lo contrario; Su dinamismo ponía en riesgo la estabilidad de ellos. Fueron las generaciones posteriores las que aplacaron aquella personalidad iconoclasta envolviéndola en un halo empalagoso. Hemos despojado al León de Judá de sus garras para convertirlo en un gato doméstico al servicio de sacerdotes (y pastores) deslucidos y ancianitas piadosas.»

Siempre me pregunté sobre el episodio del que da cuenta Juan 2 en que Jesús monta en cólera, improvisa un látigo y echa a los mercaderes y cambistas del Templo. No encajaba muy bien con la imagen que me había formado de Él en la escuela dominical.

He llegado a percibir esa faceta de Jesús. Si bien era el Cordero de Dios, era también el León de la tribu de Judá. Para poner el Templo patas arriba hicieron falta agallas.

Él necesita más líderes con audacia, y también seguidores que vayan tras sus pasos.

«Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan» (Mateo 11:12). ¡Seguir a Jesús no tiene nada de pasivo!
Serle fiel no tiene nada que ver con mantener el estado de cosas ni defender la trinchera. Se trata más bien de competir por el Reino y violentar las puertas del infierno.
Las puertas del infierno son defensivas. El papel que debe desempeñar la iglesia es el de atacante. (Mateo 16:18).

¿Qué león te ha pedido Dios que persigas?

Que el siguiente sea tu manifiesto: Deja de vivir como si el propósito de la vida fuera llegar a la muerte sin encarar riesgo alguno. Trázate objetivos a la medida de Dios. Persigue pasiones ordenadas por Él. Ve tras algún sueño que esté destinado a no hacerse realidad sin intervención divina. Deja de identificar problemas y conviértete en parte de la solución. Cesa de criticar y empieza a crear. Amplía tus horizontes.

Preocúpate menos por el qué dirán y más por lo que piense Dios de ti. No te contengas. Deja de huir. ¡Persigue al león!

Y recuerda: Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Romanos 8:31).

 [fin]

[ Commentario ]

¡Entréguense a fondo por Jesús! Es el León de la tribu de Judá, y con Él a su lado y dentro de ustedes, no hay ningún león menor que no puedan perseguir, alcanzar y derrotar. Cualquier otro león al que se enfrenten tendrá que someterse a Él, a quien todo poder es dado en los Cielos y en la Tierra (Mateo 26:18). ¡Y Él les ha concedido ese mismo poder a ustedes! «A todos los que lo recibieron les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en Su nombre» (Juan 1:12).

Así que cuentan con el poder de Dios, porque ustedes también son hijos Suyos. Pueden hacer grandes cosas por Él, y Él cuenta con que las hagan. Ustedes también pueden ser unos valientes, sean quienes sean. Dios se especializa en servirse de gente insignificante, de personas comunes y corrientes, para obrar portentos. Se valió de unos humildes pescadores para conquistar el mundo por Él la primera vez que vino, y ahora puede servirse de ustedes, cualquiera que sea su personalidad o el papel que desempeñan en la vida, porque no son ustedes los que lo hacen. Es Él en ustedes, «Cristo en vosotros, esperanza de gloria, a quien anunciáis» (Colosenses 1:27-28).

"Si bien esas son, sin duda, grandes proezas, una de las cosas más importantes que puedes hacer por Él hoy en día es predicar el Evangelio del Reino y difundir por todas partes las buenas nuevas de Su amor y salvación. La fuerza de Él en ustedes les da el poder y la convicción para testificar dondequiera que estén, a quienquiera que esté con ustedes, y por medio de Su amor llevar esa alma al Reino de los Cielos, donde será feliz por toda la eternidad.

«El justo está confiado como un león» (Proverbios 28:1). Sean testificadores valerosos y «no teman delante de ellos» ni ante sus miradas o actitudes, porque el Señor está con ustedes (Jeremías 1:8). Si le piden Su ayuda y poder para testificar así, para transmitir Su Palabra con amor, convicción y audacia, harán proezas para Él y estará orgulloso de ustedes. Y un día de estos, cuando se encuentren con Él cara a cara, dirá a cada uno: «Bien, buen siervo y fiel», y contarán con Su eterna gratitud, además de las almas que les estarán en el Cielo eternamente agradecidas por haberles testificado.

Así que, persigan al león, a todo miedo que tengan de testificar, toda preocupación por el qué dirán, todo miedo o inquietud. Desciendan al foso, aunque sea en el medio del invierno y las circunstancias dejen mucho que desear, y derroten al león. Sobrepónganse a todos esos problemas que se les hacen grandes como leones y les impiden difundir el mensaje lo mejor posible y divulgar la Palabra de todas las maneras habidas y por haber a cuantos puedan. ¡Atrévanse a dar testimonio de Él fogosamente! Atrévanse a descollar entre la multitud y ser diferentes por amor a Él, simplemente porque desean que otros tengan y experimenten ese mismo amor y disfruten de la misma vida eterna que ustedes, y sean así felices ahora y siempre. ¡Está a su alcance hacerlo, porque tienen al León de Judá!

 


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