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¡El
Argumento Contra las Discusiones!
En
cierta ocasión un niño le preguntó a su padre: "¿Cómo empiezan las
guerras, papá?"
El
padre le respondió: "Por ejemplo, la primera guerra mundial empezó
cuando Alemania invadió Bélgica."
Su
esposa se apresuró a interrumpirle: "¡Dile la verdad al niño! ¡Empezó
por un asesinato!"
El
marido se irguió con aires de superioridad y dijo bruscamente: "¿Quién
está respondiendo, tú o yo?"
¡Volviéndole la espalda enojada, salió de la sala dando un portazo con
todas sus fuerzas! Cuando los platos dejaron de resonar en el armario
hubo a continuación un silencio molesto, hasta que por fin el niño
exclamó: "Ya no hace falta que me expliques cómo empiezan las guerras,
papá; ¡ya lo sé!"
¡Discutir! ¡Todos lo hacemos a veces! ¡Todos sabemos lo que es salir de
una discusión con la boca seca, un nudo en la garganta, la cabeza
caliente y dando vueltas, con pesar en el corazón, arrepentidos y
sintiendo remordimiento por las palabras ásperas que hemos dicho!
¡Aunque parezca mentira, las discusiones destruyen más hogares que los
incendios y los fallecimientos!
¡Todos sabemos que discutir por discutir es una pérdida de tiempo
inútil! ¡No tenemos absolutamente nada que ganar, y en cambio
perdemos tiempo, energías y la amistad de alguien! ¡Se dice que en
una discusión los únicos que escuchan de verdad son los vecinos!
¿Qué se gana con discutir? ¡Un montón de palabras inútiles, se gasta
saliva inútilmente! Entonces, ¿qué podemos hacer por evitar las
discusiones? O bien, una vez entablada una discusión, ¿qué podemos hacer
para pararla? O si ya ha terminado, ¿qué podemos hacer para arreglar las
cosas? ¡Estudiemos estas preguntas!
¡VENTAJAS
DE NO DISCUTIR!
¡Hay
algunos a los que les encanta discutir y hacen todo lo posible por
demostrar la validez de su opinión! Prefieren perder un amigo que una
discusión. ¡Para otros, discutir se ha convertido en un hábito,
en una reacción automática, y contradicen todo lo que se diga!
El
estadista, filósofo y escritor de los primeros tiempos de los EE.UU.
Benjamín Franklin, no podía contener el impulso de discutir. De joven no
había nada que le gustara más que las discusiones, hasta que un amigo
íntimo se lo llevó aparte y le dijo: "¡Ben, eres imposible! ¡Tus
opiniones son una bofetada para todo el que no esté de acuerdo contigo!
¡Tus amigos se lo pasan mejor cuando tú no estás presente! Te crees que
sabes tanto que nadie te puede decir nada. ¡La verdad es
que nadie lo va a intentar siquiera, porque el esfuerzo sólo le
produciría incomodidad y dificultad! ¡De manera que no es probable que
llegues a saber más de lo que sabes ahora, lo cual en realidad es muy
poco!"
¡Benjamín Franklin tenía la suficiente grandeza y sabiduría
para aceptar estas crudas verdades y darse cuenta de que estaba abocado
al fracaso y la catástrofe en su vida social! ¡Por ello, se dispuso
inmediatamente a cambiar su forma de ser fanática y argumentadora! Llegó
a ser uno de los hombres más queridos, sabios y diplomáticos de la
historia de EE.UU., y de hecho se le recuerda por haber afirmado:
"Si
discutes, contradices y causas rencor, es posible que a veces triunfes.
¡Pero será un triunfo vano, porque nunca te ganarás la benevolencia de
tu oponente!"
¡ES
IMPOSIBLE GANAR UNA DISCUSION!
¡Nadie
gana jamás una discusión! ¡Uno puede gritar, chillar y discutir hasta
ponerse morado, pero nadie creerá que tiene razón si no quiere
creerlo! ¡Y aunque puede que a los demás les hubiera gustado
estar de acuerdo, es posible que el tono de la voz de uno los hubiera
puesto tan a la defensiva que equivaldría a una humillación y derrota
total en el campo de batalla confesar que uno tiene razón aunque fuera
en parte! ¡Recuerda que por muchos argumentos lógicos que emplees, no
conseguirás que nadie cambie de parecer si no quiere cambiar! ¡Nueve de
cada diez veces, al final de una discusión cada uno de los bandos está
más convencido que nunca de que tiene toda la razón!
¡Es imposible ganar una discusión, porque si se pierde, se pierde! ¡Y si
se gana, se pierde! ¿Por qué? Supongamos que triunfas
sobre el otro y dejas sus argumentos por los suelos demostrando que está
equivocado y que es un perfecto idiota.
Entonces, ¿qué? Tú te sientes bien. Pero, ¿y la otra persona? Has hecho
que se sienta inferior. La has herido en su amor propio. Es posible que
se resienta de tu triunfo, y...
¡El que sea convencido contra su voluntad seguirá opinando igual!
El periódico "Boston Transcript" publicó una vez el siguiente
poema:
"Aquí yace Guillermo Mazo,
que dio la vida por su "preferencia de paso".
Mucha razón tenía cuando apretó el acelerador
pero, ¿qué sacó con eso, si de todos modos se mató?
Puede que tengas toda la razón y te lances a toda mecha a discutir; pero
en cuanto a hacer que el otro cambie de parecer, seguramente tendrás tan
poco efecto como si estuvieras equivocado. Entonces, ¿qué prefieres?
¿Una victoria académica y teórica o la benevolencia de una persona?
¡Casi nunca se pueden tener ambas cosas!
¡COMO CONVENCER A LAS PERSONAS SIN DISCUTIR!
Entre las fábulas de Esopo hay una del sol y el viento. El viento,
discutidor, se jactaba ante el sol de ser el más fuerte. El sol sostenía
que el más fuerte era él. El viento le dijo: "¡Te voy a demostrar que el
más fuerte soy yo! ¿Ves a ese anciano ahí abajo con un abrigo?
¿Qué te apuestas a que se lo quito antes que tú?"
¡El sol se ocultó tras una nube y el viento se puso a soplar y soplar
hasta que se convirtió casi en un huracán! ¡Pero cuanto más soplaba,
más se aferraba el hombre a su abrigo! ¡Finalmente, el viento
se aplacó y se dio por vencido!
¡Entonces apareció el sol entre las nubes sonriéndole benignamente al
anciano! ¡Al cabo de un rato, el hombre se secó el sudor de la frente y
se quitó el abrigo! ¡El sol le había demostrado al viento que la
suavidad y la amistad son más fuertes que la furia y
la fuerza!
¡De modo que los padres regañones, los jefes mandones y los esposos y
esposas discutidores deberían darse cuenta de que normalmente las
personas no quieren cambiar de parecer! ¡No se les puede obligar
ni forzar a estar de acuerdo! ¡Pero se les puede guiar con
suavidad y amistosamente! ¡Si les mostramos amor y consideración a los
demás les podremos persuadir con más facilidad que vociferando y echando
pestes! ¡La mejor manera de conseguir que alguien haga algo es hacer que
tenga ganas de hacerlo!
En su famoso libro "Cómo ganar amigos e influir sobre las personas",
Dale Carnegie cuenta la siguiente anécdota: "Hace años, Patrick J.
O'Haire ingresó en una de mis clases. Tenía poca instrucción pero, ¡cómo
le gustaba discutir! Vino a mis cursos porque trataba, sin mucho éxito,
de vender camiones. Unas pocas preguntas destacaron el hecho de que no
hacía más que discutir y pelear con las personas a quienes quería vender
sus camiones. Si alguien decía algo en contra de los camiones que él
vendía, Pat se enceguecía y se lanzaba al ataque. En aquella época
"ganaba" muchas discusiones. El me contó después: 'Muchas veces he
salido de una oficina diciéndome: se las he cantado claras a ese
pajarraco. —Sí, era cierto que se las había cantado claras, pero no le
había vendido nada.'"
"Mi primer problema no fue enseñarle a Patrick O'Haire a hablar. Mi
misión inmediata fue enseñarle a abstenerse de hablar y a evitar
las peleas verbales."
"El Sr. O'Haire terminó siendo uno de los mejores vendedores que tenía
en Nueva York la White Motor Company. ¿Cómo lo consiguió? Escuchemos su
relato:
"Si entro ahora en el despacho de un presunto comprador y me dice:
—¿Qué? ¿Un camión White? ¡No sirven para nada! No usaría uno ni
aunque me lo regalaran. Voy a comprar un camión X.
Yo le respondo:
—El camión X es muy bueno. Si lo compra, no se arrepentirá. Los
camiones X están fabricados por una buena compañía y los vende muy buena
gente.
"El presunto comprador se queda sin habla entonces. Ya no hay terreno
para discutir. Si me dice que el camión X es el mejor y yo asiento,
tiene que callarse. No se puede pasar el día diciendo que es el mejor
cuando yo ya estoy de acuerdo. Abandonamos entonces el tema del camión X
y empiezo a hablar de las cualidades del camión White."
"Hubo una época en que si un hombre me hubiera hablado así yo habría
perdido totalmente los estribos. Me habría puesto a discutir contra el
X. Y cuanto más hablara, tanto más discutiría el comprador en favor del
rival. Y cuanto más discutiera con el comprador, tanto más fácil sería
que éste se convenciera de lo bueno que era el producto de la
competencia."
"Al recordar ahora estas cosas, me pregunto cómo pude vender jamás nada.
Perdí años de mi vida discutiendo y peleando. Ahora me callo la boca. Da
mejor resultado."
Así que si quieres persuadir a alguien recuerda que las discusiones
hacen muchas veces que la otra persona se aferre a lo que ha sostenido
hasta entonces. ¡Antes de que el otro piense en escuchar lo que tú
dices, tú tienes que estar dispuesto a escucharle y tratar de entender
su punto de vista! ¡Luego debes llevarlo indirectamente a descubrir tu
punto de vista en vez de adoptar una actitud intransigente de que "así
es, tanto si quieres como si no"! Como señaló el gran matemático,
escritor y cristiano francés Blas Pascal: "¡Las personas generalmente se
convencen más fácilmente por las razones que descubren por sí mismas que
por las que descubren otros!"
¡11
MANERAS DE EVITAR UNA DISCUSION!
"Empezar una discusión es como abrir una grieta en una represa; así que
deja de hablar del asunto antes de que se entable una disputa."
(Proverbios 17:14)
Se ha dicho que sólo hay una manera de salir ganando en una discusión: ¡evitarla!
Pero, ¿cómo? ¿Cómo podemos evitar instigar disputas innecesarias?
(1) Date cuenta de que es posible que no siempre tengas razón.
¡Es posible que te equivoques! ¡No olvides que cada cuestión
tiene tres caras! ¡Tu versión, la mía y la pura verdad!
¡La cual puede que ni tú ni yo veamos totalmente! Como dijo el apóstol
Pablo: "Sabemos que todos tenemos conocimiento. Pero el
conocimiento (simplemente) envanece, mientras que el amor edifica. Y si
alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe
saberlo." (1a a los Corintios 8:1,2)
(2) ¡Admite de palabra al comienzo que no lo sabes todo y que puedes
estar equivocado! ¡Es una manera segura de evitar una discusión e
inspirar a la otra persona a ser tan justa, franca y abierta como tú!
¡Hará que quiera admitir que ella también puede estar equivocada! Jesús
dijo: "Acuerda con tu adversario pronto." (Mateo 5:25) ¡O sea, que no
discutas sin necesidad! ¡Emplea un poco de amor, consideración y
diplomacia!
Si alguien dice algo que te parece equivocado —o incluso que sabes
que lo es—, ¿acaso no es mejor comenzar diciendo: "¡Mira, yo pensaba de
otra manera, pero muchas veces me equivoco. Y si me equivoco, quiero que
me lo digan. Estudiemos la situación." Nadie en el mundo se va a oponer
a que digas una frase mágica como: "Es posible que me equivoque. ¡Vamos
a estudiar el caso!"
(3) Jamás le digas abiertamente a una persona que no estás de acuerdo
con ella. Dile por el contrario: "¿No le parece que tal vez sería
mejor hacerlo de esta manera?" "¿Cree que así se ahorraría más tiempo?"
¡De esa manera le estarás diciendo a la persona lo que piensas de una
forma amable y al mismo tiempo le estarás pidiendo que responda
dando su opinión o aportando una idea! ¡Pruébalo! Da muchos mejores
resultados que decir: ¡Hazlo así y punto!
(4) Muestra respeto por las opiniones ajenas. ¡Procura darte
cuenta del punto de vista de los demás y entender las razones que los
motivan a opinar así! Nunca le digas a nadie brusca y categóricamente
que se equivoca. Y es posible decirle a alguien que se equivoca con una
simple mirada, la entonación de la voz o un gesto, tan enfáticamente
como de palabra. Y si le dices que se equivoca, ¿les das ganas de darte
la razón? ¡No! ¡Porque le habrás asestado un golpe directo a su
criterio, su dignidad y su amor propio! Eso hará que te quiera devolver
el golpe. ¡Pero nunca conseguirá que quiera cambiar de parecer! Como le
dijo Lord Chesterfield a su hijo: "Si puedes, sé más sabio que los
demás. ¡Pero no le digas a nadie que lo eres!"
(5) Jamás comiences una discusión proclamando: "Te voy a demostrar
que tal y cual. Eso equivaldría a decir: "¡Yo soy más listo
que tú! ¡Te voy a decir una cosa o dos que te van a hacer cambiar de
parecer!" Eso es provocar. Suscita oposición y le da a tu interlocutor
ganas de discutir contigo antes de que hayas empezado siquiera! ¡Las
discusiones se pueden evitar si no se avergüenza ni ridiculiza a los
demás, y si siempre se les da el beneficio de la duda!
(6) ¡Evita las palabras que originan discusiones! Deja de decir
cosas como: "¿Ah, sí?, "¡Qué ridiculez!", "¿Tú y quién más?", "¡Déjate
de pamplinas!", "¿De dónde has sacado esa idea tan absurda?"
¡Decir algo así es pedir una discusión! ¡Destierra esas
expresiones de tu vocabulario, y no tendrás que perder tanto tiempo
discutiendo! "La respuesta suave calma la ira, mas las palabras duras
desatan el furor." (Proverbios 15:1)
(7) Evita generalizar demasiado, como por ejemplo diciendo:
"¡Nunca llegas a tiempo!", "¡Siempre estás diciendo cosas así!", "¡Todas
las mujeres se dejan arrastrar por sus sentimientos!", "¡Todo el mundo
piensa que eres un tal y cual, y yo también lo creo!"
(8) ¡No exageres ni sueltes indirectas! "Di la verdad en amor."
(Efesios 4:15) ¡Vale la pana orar antes de hablar! ¡Lo que
no digas, no tendrás que desdecir!
(9) Evita hablar frívolamente de temas delicados. ¡Si proclamas
opiniones innecesarias a otros que no comparten tus opiniones, no te
quepa duda de que se empezará una discusión!
(10) Jamás le digas a alguien que no debe pensar como piensa.
¡Todo el mundo tiene sentimientos propios y exclusivos, y si no pensara
de esa manera, no lo habría dicho! Pregúntale por el contrario por
qué piensa de esa manera, o bien dile simplemente: "Comprendo." Eso
evitará las discusiones y la conversación seguirá su marcha.
(11) Un buen lema para evitar las discusiones es: "Si me
equivoco, lo voy a decir. ¡Si tengo razón, me callaré la boca!" Por
supuesto, hay cuestiones que es importante corregir, pero
si no tienes más remedio que señalarle su error a alguien, no dejes de
hacerlo con actitud humilde y buenos modos.
Además, puede que no sea el momento más oportuno para decírselo. Espera
a que tenga una actitud más receptiva. "El necio da rienda suelta a toda
su ira, mas el sabio al fin la sosiega." (Proverbios 29:11) ¡De
manera que aprende a discernir y ser consciente de los sentimientos
ajenos! "El corazón del sabio discierne el tiempo y el juicio."
(Eclesiastés 8:5)
¡7
MANERAS DE EVITAR QUE OTRA PERSONA DISCUTA CONTIGO!
"El carbón para brasas, y la leña para el fuego, y el hombre pendenciero
para encender contienda." (Proverbios 26:21)
¡Cuando Voltaire llegó a Inglaterra en 1727, vio que había un gran
sentimiento de antagonismo hacia los franceses, hasta tal punto que
corría grave peligro en las calles de Londres. Un día mientras paseaba,
una multitud enojada de ciudadanos gritó: "¡Que lo maten! ¡A la horca
con el francés!" Voltaire, deteniéndose y dando la cara a la multitud,
gritó: "¡Amigos, tened piedad! ¿Acaso no es suficiente castigo para mí
no ser inglés?" ¡La multitud rugió de entusiasmo, y lo acompañó hasta su
hotel para protegerlo!
(1) ¡Recuerda que si uno no quiere, dos no discuten! Jamás
contestes una palabra airada con otra palabra airada. ¡La pelea empieza
con la segunda! Es como el dicho: "¡Cuando uno no quiere, dos no
pelean!" ¡Niégate a participar en los juegos de los críticos,
censuradores de costumbres, escépticos o los que sea que intenten hacer
perder innecesariamente el tiempo y gastar energías con una discusión!
¡Los hay que se meten en las discusiones más enconadas por las razones
más triviales! ¡Pero se necesitan dos personas para participar en
tales juegos, y si te niegas a jugar, no tendrán con quién discutir!
(2) Evita conversaciones del tipo —"¡Que no! —¡Que sí! —¡Que no!"
Recuerda este dicho: "¡Cuando estalla la discusión, el sabio la apaga
con su silencio!"
(3) Que la dilación sea tu estrategia principal para evitar un
posible conflicto. ¡Lo primero que tienes que hacer cuando alguien
tenga una actitud negativa hacia ti o se enoje es no perder la calma! La
mejor manera de reaccionar es preguntarle a la otra persona qué quiere
decir. Es posible que no le hayas oído o entendido bien. Y si entonces
te parece que realmente te están atacando, hazte las siguientes
preguntas: "¿Me interesa realmente responder desquitándome? ¿Es enojarme
lo más efectivo que puedo hacer? ¿Qué voy a ganar perdiendo los
estribos?" ¡Si te detienes a pensar y orar respecto a una situación
antes de reaccionar, evitarás muchos enfrentamientos innecesarios!
"La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la
ofensa." (Proverbios 19:11)
(4) Acostúmbrate a no abrir la boca cuando estés enojado. "Aun el
necio, cuando calla, es contado por sabio, y el que cierra sus labios es
entendido." (Proverbios 17:28) Lo mejor que puedes hacer es escuchar.
Luego, haz preguntas para averiguar qué piensa la otra persona antes de
contestar. ¡Si le dices primero lo que tú piensas y le das tu opinión,
puede que de pronto te encuentres en una disputa con ella y pierdas
todas las posibilidades de que entienda lo que quieres decir! Dale a la
otra persona la oportunidad de hablar y déjale terminar. ¡No la
interrumpas! No empieces a resistirte, defenderte o debatir. ¡Eso sólo
conseguiría levantar barreras! ¡Procura construir puentes de
comprensión!
(5) Cuando te veas metido en una discusión, procura tener una
paciencia inagotable. ¡Domina con firmeza en todo momento tus
emociones e impulsos! No pierdas los estribos. ¡Recuerda que la grandeza
de una persona se conoce por lo que la enoja! "El hombre iracundo
promueve discordia, pero el paciente apacigua la contienda." (Proverbios
15:18)
(6) Lo peor que puedes hacer cuando otra persona se enoja es decir:
"¡No te enojes!" ¡Decir eso tiene exactamente el efecto contrario!
Procura decir por el contrario y con la mayor suavidad posible:
"Perdona, hay algo que te está enojando. ¡Perdona si soy yo! ¿Hay algo
que pueda hacer?"
(7) ¡No olvides que nuestra actitud es contagiosa! Si mostramos
la actitud y estado de ánimo debidos —tranquilos, confiados, pacientes y
rebosantes de fe, sin preocupaciones—, los demás reaccionarán de
la misma manera. ¡Pero si estamos inquietos, impacientes, vociferando,
nos salimos de nuestras casillas y soltamos bruscamente lo primero que
se nos viene a la boca, desgraciadamente es probable que los demás nos
contesten también de la misma manera!
¡COMO
PARAR UNA DISCUSION UNA VEZ QUE HA COMENZADO!
¿Qué puedes hacer si de pronto te ves metido en una discusión? ¿Cómo se
puede controlar una discusión acalorada que rápidamente se está
convirtiendo en una verdadera pelea? A continuación damos algunos
consejos de eficacia comprobada:
El célebre psicólogo Carl Rogers propuso la siguiente técnica para
resolver malententidos: "Antes de que cada uno de los interlocutores
afirme una cosa, debe repetir la opinión del otro a satisfacción
de éste. ¡Esta regla obliga a cada uno a escuchar al otro e
intentar entender su punto de vista! ¡Entonces la discusión tiende a
volverse menos acalorada y los oponentes se encuentran
pensando y escuchando más! ¡Cuanto más racionales se vuelvan,
más posibilidades tienen de llegar a un acuerdo!"
¡No
te apartes del tema! ¡Procura siempre descubrir exactamente qué se
está discutiendo y no apartarte del tema! No saques a colación
temas que no tengan nada que ver o que no sean importantes. Puede que a
veces tengas que decir cosas como: "Cortemos un momento la conversación
a ver qué es lo que estamos discutiendo en realidad. Empieza
tú de nuevo y yo te escucho. ¡A lo mejor es que no he entendido bien
algo!"
¡Cuidado
con el volumen de la voz! ¡La mayoría tendemos a elevar el tono de
la voz cuando discutimos seriamente! Cuando lo hacemos, en realidad es
como si dijéramos: "No me haces caso si te hablo con un tono de voz
normal porque por lo visto haces oídos sordos a lo que digo. ¡Por eso,
tengo que gritar más!" Elevar el volumen de la voz pone a los demás a la
defensiva y puede hasta darles a entender que hemos perdido la paciencia
o el control de la situación.
¡No
critiques con bromas! Aunque es cierto que un chiste o una
observación aguda puede aliviar la tensión en algunos desacuerdos, lo
mejor es siempre hacerlo con cuidado. Antes de hacer una observación
humorística, conviene preguntarse: "¿Contribuirá a aliviar la tensión o
la aumentará?" "¿Soy capaz de reírme de mí mismo, o estoy simplemente
tratando de burlarme de la otra persona?" "¿Estoy tratando de ganar
puntos para mi opinión al hacer observaciones chistosas?" No intentes
jamás hacerte el gracioso criticando a alguien.
No exageres . La tentación de añadir más peso a lo que decimos
alterando los hechos o "disfrazándolos un poco" es muy grande. ¡Con eso
sólo se consigue agravar la situación al extremo empeorándolo todo! ¡Y
más si la otra persona sabe que exageras! ¡Eso la convencerá
de que estás equivocado en todo!
¡Ataca
el problema, no a la otra persona! Haz todo lo posible por que la
conversación no se vuelva algo personal. Hay que intentar atacar el
problema en vez de atacarse unos a otros con indirectas, insultos y
observaciones "agudas".
¡Recalca
las cosas en que estás de acuerdo con el otro! ¡No acentúes las
diferencias! ¡No dejes de hacer resaltar que los dos están
buscando el mismo fin y la única diferencia estriba en el
método, no el objetivo! ¡No insistas en lo negativo, sino en
lo positivo! ¡Habla de las cosas que los dos tienen en común, no
simplemente de las diferencias, y procura en lo posible dejar claro
todas las cosas posibles en que estén de acuerdo en vez de criticar
todos los defectos! ¡Consigue que la otra persona te dé la razón
gustosamente enseguida, y le resultará mucho más difícil decir que no!
¡Tienes
que estar dispuesto a llegar a un acuerdo! ¡Una de las cosas más
importantes que se pueden hacer es que cada uno ceda un poco para que
los dos puedan llegar a un acuerdo! Si la conversación llega a un punto
muerto, mira a ver si puedes cambiar de tema o encuentras otra forma de
enfocarlo. ¡Quizás se podría llegar a un acuerdo que reconozca
todos los pareceres, o encontrar una manera de que la otra persona ceda
y cambie de parecer sin quedar en ridículo!
Ten la suficiente humildad para desdecirte, aunque sigas pensando
que tienes razón y que la otra persona se equivoca. El célebre
reformador suizo Zwinglio aprendió algo en ese sentido de dos cabras a
las que observó tratando de pasar por un estrecho sendero de una montaña
empinada de los Alpes. Una subía y la otra bajaba. Zwinglio observó que
tenían que pasar por un punto en que el sendero era tan estrecho que
sólo había espacio para que pasara una cabra.
Ambos animales doblaron un recodo y quedaron el uno frente al otro.
Retrocedieron como si se dispusieran a atacarse mutuamente, ¡y entonces
sucedió lo más inesperado! La cabra que estaba más abajo se arrodilló
mientras la otra le pasaba por encima. Luego se puso en pie y prosiguió
su camino.
Lo más noble que se puede hacer en una discusión es tener la humildad de
ser el que se retracta. No tengas miedo de decir algo así como:
"¡Paremos aquí, porque estoy diciendo cosas que no quiero decir y no
quiero que pase esto!" "Honroso es para el hombre dejar la contienda,
mas el insensato no puede dejar de disputar." (Proverbios 20:3)
¡Si
te equivocas, confiésalo! Di algo así como: "Creo que la culpa es
mía. ¡Perdona que dijera eso y te doliera! ¿Qué puedo hacer para
arreglarlo?" ¡Si confiesas sinceramente que sabes que te equivocas y que
el otro tiene razón, mejorarás enormemente la comunicación y afianzarás
tu relación con esa persona! ¡Cualquiera puede intentar defender
sus errores, pero hace falta una humildad que sólo Dios da para admitir
nuestros errores, para "confesarnos nuestras ofensas unos a otros"!
(Santiago 5:16) Y si la otra persona quiere desfogarse un poco todavía y
seguirte regañando un poco más —como a veces sucede— dale la razón
humildemente, reitera que te equivocas o guarda silencio, lo que sea más
conveniente. "La mansedumbre hace cesar (hasta) la gran ira"
(Eclesiastés 10:4), y la otra persona no tardará en acceder y abandonar
todo resentimiento hacia ti.
Si te encuentras haciendo de árbitro en una discusión, y tienes que
expresar una opinión, ora y medita detenidamente, y antes de hablar
pregúntate qué es lo acertado y no quién está acertado.
Durante la Guerra de Secesión, le preguntaron a Abraham Lincoln si
pensaba que Dios estaba de su parte. ¡Lincoln respondió que Dios estaba
con los que tenían razón y que él esperaba que la Unión la tuviera!
En la mayoría de los casos, ninguno de los bandos tiene toda la razón y
el otro está totalmente equivocado. ¡Casi siempre hay algo de bueno y
algo de malo en cada bando! Pero hace falta sabiduría, discernimiento y
humildad para ser capaz de reconocerlo.
¡No
te metas en discusiones ajenas! Proverbios 26:17 dice: "¡El que al
pasar se entromete en discusión ajena es como el que agarra a un perro
por las orejas!"
¡COMO
RECONCILIARSE DESPUES DE UNA DISCUSION!
¡Aunque la razón la tengas tú, toma la iniciativa para perdonar y
olvidar! ¡Cuando venga al caso, pide siempre perdón! ¡La Biblia
nos dice que tenemos que confesarnos nuestras ofensas unos a otros y
orar los unos por los otros! (Santiago 5:16) ¡Además, cuando el otro
confiese sus faltas y reconozca sus errores, no dejes de decirle
que le perdonas! Proverbios 17:9 dice: "¡El que cubre una falta
promueve el amor!"
¡Jamás guardes rencor! Colosenses 3:13 dice que debemos ser amables y
estar dispuestos a perdonar, y nunca guardar rencor! ¡Los hay que
"entierran el hacha de guerra" pero nunca olvidan dónde la enterraron!
Si ves que te cuesta perdonar, recuérdate que para guardar rencor hay
que gastar muchas energías, y que perdonar es una gran liberación.
Después de discutir, puedes proponerle al otro que oren los dos juntos.
¡Es difícil guardarle rencor a una persona con quien se ora!
¡DISCUSIONES
CONYUGALES!
Para que el matrimonio rebose
amor en la copa de la amistad,
si os equivocáis, decidlo,
y si tenéis razón, callad.
Ogden Nash
Desgraciadamente, es parte de nuestra naturaleza humana que
frecuentemente hagamos daño a las personas que más queremos y con
quienes estamos más unidos. ¡Con frecuencia los casados discuten más con
su cónyuge que con ninguna otra persona! Si discutes mucho en tu
matrimonio, todos los consejos anteriores se aplicarán a tu caso. Pero
te vamos a dar algunos más:
El tenor Jan Pierce, después de casi 50 años de casado dijo: "¡Mi esposa
y yo hicimos un acuerdo hace mucho tiempo, y siempre lo hemos cumplido
por muy enojados que estuviéramos el uno con el otro! Cuando uno está
regañando, el otro escucha. ¡Porque cuando dos personas están enojadas y
tratan de dar su opinión al mismo tiempo, no hay comunicación, sino sólo
ruido y malas vibraciones!"
No te vayas en mitad de una discusión. ¡Y "nunca se ponga el sol sobre
tu ira"! (Efesios 4:26)
¡Recuérdate constantemente todas las cualidades positivas de tu cónyuge!
Enumera todas sus buenas cualidades, las razones por las que te casaste
con él o con ella en un principio. ¡Luego, guarda la lista en la
billetera o en el bolso y repásala cada vez que te irrites con tu
cónyuge!
"¡Todo lo que es verdadero, todo lo noble, todo lo justo, todo lo puro,
todo lo amable, todo lo admirable, si hay virtud alguna o algo digno de
alabanza, en ello piensa!" (Filipenses 4:8)
Una esposa que reconoció que siempre estaba criticando a su marido y
había causado peleas casi todos los días, dio el siguiente consejo:
"¡Después de rezar para que Dios pusiera fin a nuestras discusiones, el
Señor me mostró que El fue el creador de la personalidad de mi
marido, y que lo que a mí me parecían defectos son en realidad los
medios de los que Dios se vale para que yo recurra a El en busca de
soluciones! ¡Desde entonces he empezado a confiar en Dios por medio de
mis oraciones para que transforme a mi marido si El lo considera
necesario!"
Si van a tener un debate sobre algún tema importante, procura buscar el
momento y lugar oportunos para que no te interrumpan. Por ejemplo,
cuando los niños estén acostados, no durante la cena.
Generalmente los padres no saben ocultar bien de los niños sus
desacuerdos y discusiones. Los padres deben decirles que a veces no
están de acuerdo y que todos los de la familia tienen a veces sus
desacuerdos. Pero que no es nada que no se pueda resolver hablándolo con
calma y orando. ¡ten presente que tus hijos aprenderán de ti la forma de
demostrar desacuerdo y de discutir!
¡Se puede entender que de vez en cuando haya choques de personalidad,
pero el amos es infalible, y se deben remediar con humildad, amor
y el aceite del Espíritu de Dios!
El matrimonio debe ser lo más equitativo posible, y se debe compartir al
máximo. ¡Los esposos tiene que conversar, orar juntos, amarse, hablar de
las cosas juntos y decidirlas y ponerse de acuerdo entre los dos! Pero
en lo que se refiere a tener la última palabra, si él es cristiano y
procura servir al Señor y hacer lo que debe, el marido es el jefe en lo
que se refiere a decisiones sobre el hogar y la familia. La Palabra de
Dios dice claramente que las mujeres deben obedecer a sus esposos.
(Efesios 5:22-24, 33: 1a a los Corintios 11:3, 8-9; 1a de Pedro 3:1,
5-6) ¡Si la mayoría de las esposas cristianas hiciera esos, habría
muchas menos peleas, desacuerdos y discusiones! ¡Y si no pueden confiar
en sus maridos, al menos pueden confiar en el Señor!
¡Es más, los dos deben confiar en el Señor si quieren tener paz, unidad
y armonía en el hogar! ¡Si no puedes confiar en tu mujer o tu marido, al
menos puedes confiar en el Señor y El arreglará las cosas de alguna
manera!
"¿QUE CAUSA LAS PELEAS Y DISPUTAS ENTRE VOSOTROS?"
(SANTIAGO 4:1)
Santiago dice a continuación: "¿Acaso no vienen
de las pasiones y deseos que combaten en vuestro interior? Codiciáis
algo y no lo recibís... por eso combatís y lucháis." (Santiago 4:1-2)
Así pues, la codicia y el egoísmo pueden ser algunas de las
causas de las discusiones para tratar de conseguir algo que egoístamente
deseamos.
Otras discusiones pueden estar causadas por el
orgullo. Proverbios 13:10 dice: "La soberbia sólo
contiendas ocasiona; pero es sabio quien toma consejo."
Además, como hemos visto claramente, muchas
discusiones están causadas por la santurronería. ¡Insistir para
hacer valer una opinión creyendo que se tiene toda la razón mientras uno
se ensalza al mismo tiempo que rebaja a la otra persona al
contradecirla!
¡Y la causa de todo se puede resumir en la
falta de amor! ¡El verdadero problema no es discutir, eso no es
sino un síntoma! ¡El verdadero problema es la falta de amor!
Esa es una de las cosas más importantes que quiere el Señor que
aprendamos: a amar a los demás, a trabajar con ellos, a
tratarlos, a concederles ventaja y darles el beneficio de la duda, a
edificarlos desinteresadamente en vez de derribarlos egoístamente por
medio de discordias y discusiones! ¡Todo eso forma parte de aprender
a amar, ponernos en el lugar de los demás, "hacer con los demás como
nos gustaría que hicieran con nosotros"! (Mateo 7:12)
¡Por eso, reza pidiéndole a Jesús que te dé más
amor y te ayude a superar la costumbre de discutir! Te será de
ayuda intentar poner en práctica todos los consejos prácticos que te
hemos dado en este artículo, pero únicamente Jesús puede darte
realmente soluciones espirituales, transformar tu corazón y
espíritu y llenarte de su Espíritu de Amor, gozo, paz, paciencia,
amabilidad, bondad, fidelidad, suavidad de maneras y dominio de ti
mismo. (Gálatas 5:22) ¡Sólo El te puede dar la fortaleza y la gracia
para amar y no discutir! ¡De modo que no te separes
de El!
[fin]
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