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LA MARCA ESTÁ CADA VEZ MÁS CERCA
«Hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca» (Apocalipsis 13:16,17).


Angela Sawfford: La primera periodista a implantarse un “microchip”.

Códigos de barras para humanos
Angela Swafford, Boston Globe

El procedimiento indoloro apenas si tomó 15 minutos. En su consultorio del sur de Florida, el Dr. Harvey Kleiner me aplicó una anestesia local en la parte superior del triceps de mi brazo derecho y luego me insertó una gruesa aguja debajo de la piel.

«Lo primero que hacemos es localizar el sitio más propicio -dijo-. Luego soltamos el botón que acciona el mecanismo de la inyección, y listo. La carga queda transferida.»

La «carga» era un microchip de poco más de un centímetro de largo insertado en un cilindro de silicona y vidrio que lleva grabado mi número de identificación permanente. El pequeño chip que llevaba implantado ya podría transmitir información personal a alguien por medio de un escáner de mano especial.

Mi brazo se asemeja a un producto con código de barras en una caja registradora de un supermercado: Emitía un sonido cada vez que pasaban el escáner por el chip.

Funcionaba aunque estuviera cubierto de ropa. En la pantalla se veía un largo número con un montón de ceros. Pensé que, para bien o para mal, ese chip podría dar inicio a una era en la que todo el mundo tendrá tecnología debajo de la piel.

En teoría, ese VeriChip permite as los médicos acceder a mi historia clínica aunque yo esté tan mal que no pueda responder preguntas. Supuestamente también me permitiría extraer dinero de un cajero automático pasando mi brazo delante de él en vez de digitar el PIN. O bien tranquilizar al personal de seguridad de un aeropuerto asegurándoles que soy periodista, no terrorista.

Aunque a los ojos de sus críticos el VeriChip tiene visos orwellianos, sus creadores consideran que a causa del nerviosismo que impera en el mundo actualmente, los identificadores implantados quirúrgicamente podrían ser los números de Seguridad Social del mañana.

«Estoy convencido de que llegará el día en que la mayoría de la gente tendrá algo similar al VeriChip debajo de la piel», dice Scott Silverman, presidente de Applied Digital Solutions [ADS], con asiento en Florida. «La gente se dará cuenta de que sus beneficios -en términos financieros, de seguridad y de salud- superan con creces toda posibilidad de pérdida de privacidad».

En este momento formo parte de un club muy exclusivo. Soy la decimoctava persona del mundo -y la primera periodista- que se ha implantado un chip. Los demás son casi todos empleados de ADS, a excepción de una familia de Florida a la que le han colgado el gracioso mote de los Chipsons (en español podríamos llamarlos los «chipsónicos») -en referencia a la vieja serie de dibujos animados, los «Supersónicos». [Véase END 54, páginas 6-7.]

Pese a ello, los críticos consideran que le tecnología de vigilancia como la de VeriChip representa una amenaza pues concede al mundo corporativo y al gobierno poderes que podrían terminar siendo peligrosos. En un informe emitido en enero por la American Civil Liberties Union, Jay Stanley y Barry Steinhardt advirtieron que una explosión de tecnología ya ha creado un «monstruo espía».

«Prácticamente no pasa un mes sin que leamos algo acerca de algún dispositivo novedoso capaz de invadir la privacidad de la gente: reconocimiento facial, microchip implantables, minas de información, chips de ADN, y hasta “huellas de ondas cerebrales”, -escribieron-. Lo concreto es que ya no hay barreras tecnológicas que impidan la creación de un régimen al estilo del que describió George Orwell [en su novela, 1984]».

Los directivos de ADS afirman que esto es apenas el principio. Quieren construir un chip capaz de almacenar grandes cantidades de información o que haga las veces de llave para abrir una base de datos centralizada que guarda información acerca del usuario. A la larga, la compañía espera poder rastrear los movimientos de personas con implantes de chips valiéndose de satélites de posicionamiento global.

La compañía está realizando pruebas en terreno con el Personal Locator Device (Dispositivo de localización de personas), o PLD, que según ADS, podría rastrear a niños extraviados, ancianos enfermos, montañistas perdidos o víctimas de secuestros. La fuente de alimentación del PLD es una batería de marcapasos. Permitiría a alguien que tuviera acceso al sistema rastrear al usuario en cualquier momento y en cualquier parte del mundo con solo apretar el botón de un mouse.

[fin]

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