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LA MARCA ESTÁ CADA VEZ MÁS CERCA
«Hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca» (Apocalipsis 13:16,17).


La Marca se nos viene encima
COMPILADO A PARTIR DE ARTÍCULOS DE THE CHRISTIAN SCIENCE MONITOR, THE GUARDIAN, REUTER, Y NEWSBYTES

Hola, Sr. Chips
Cuando Kevin Warwick entra en su oficina, las puertas se abren, las luces se encienden y una voz digital dice
: "Sea bienvenido, profesor Warwick". Le indica asimismo si ha recibido correo electrónico y el número de mensajes llegados. A su secretaria le basta con echar un vistazo a una pantalla de computadora para saber al instante en qué punto del edificio se encuentra, pudiendo pasarle una llamada telefónica o avisarle de una reunión.

Warwick podría haber conseguido los mismos efectos con una tarjeta inteligente en el bolsillo. Pero al optar por implantarse un diminuto chip de silicona bajo la piel —de 23 x 3 mm— el profesor Warwick afirma ser el primer híbrido producto de la combinación de hombre y máquina.

Añade que el cuerpo humano tiene infinidad de aplicaciones como computadora: "Toda persona que quisiera utilizar un arma de fuego sólo podría hacerlo de tener uno de esos implantes. Si tratara de entrar, por ejemplo, en un colegio o un edificio donde no se le quiere recibir, el ordenador del colegio haría sonar alarmas y advertiría a los que se encuentran en el interior, y hasta podría impedir el acceso al edificio del sujeto armado.

"En cinco años —agrega— estaremos en condiciones de fabricar chips con gran variedad de información. Servirían para realizar transferencias bancarias, guardar historias clínicas y hacer las veces de pasaporte o licencia de conducir. Un chip implantado es imposible de robar. Las posibilidades son enormes".

Su hija bromea diciendo que está loco, y su esposa dice que el experimento le revuelve el estómago, pero Warwick, director del departamento de cibernética de la Universidad de Reading (Inglaterra) no parece salido de una película de ciencia—ficción.

"Mi experiencia de trabajo ha sido en un ambiente de inteligencia artificial, estudiando cómo serán en el futuro las máquinas inteligentes —cuenta Warwick—. Según cierta corriente de opinión, para no quedarse atrás de las máquinas, el hombre deberá acrecentar su inteligencia por medio de chips implantados, pero suena a ciencia—ficción. A mi modo de ver, técnicamente podemos recorrer al menos parte del camino en ese sentido, así que se me ocurrió hacer la prueba. Lo que puedo hacer por el momento es bastante limitado, pero revela algunas de las posibilidades".

La idea de dotar al hombre de ciertos poderes por medios digitales ha suscitado siempre controversias éticas y profundos interrogantes en torno a en qué consiste ser humano. A medida que se desdibujan los límites entre el hombre y la máquina, la polémica se agudiza.

Cuando el hombre entabló relación con las computadoras allá por los años cincuenta, las consideró herramientas de trabajo. Cuando en años recientes, alumnos del Massachusetts Institute of Technology comenzaron a llevar ordenadores colgados del cuerpo, se hicieron llamar cyborgs. Los experimentos de Warwick son como para poner los pelos de punta.

Según Warwick, existen motivos fundados para hacer estas cosas. Por ejemplo, dichos chips se podrían conectar al sistema nervioso para ayudar a discapacitados: "Imagínese que está conectado directamente con una computadora —explicó en una entrevista telefónica— y tiene acceso a la memoria de la misma. Imagine que puede ver por medio de rayos X, rayos ultravioleta, rayos ultrasónicos, rayos infrarrojos... y ver todo lo que es capaz de ver un ordenador. Ahí está la vanguardia de la tecnología".

Sherry Turkle, socióloga del Massachusetts Institute of Technology, que desde fines de los setenta estudia la interacción de las personas con los computadores, dice: "El debate en torno a cómo se definen los límites del cuerpo se ha intensificado , porque la gente está comenzando a ver la computadora cada vez más casi como parte de uno".

Ha descubierto que cuando a la gente se le pregunta con qué clase de conocimientos se sentiría a gusto de tener implantado un chip que se comunicara directamente con el cerebro, muchos establecen una distinción entre conocimientos prácticos, como cálculo integral o idiomas, y cursos de música o la obra de Shakespeare. Aceptarían el chip para hablar alemán, pero no para entender a Goethe.

"No hay mucha diferencia entre llevar un chip en los anteojos o tenerlo implantado en el oído. Hoy por hoy nos parece repulsivo, pero la pregunta que cabe plantearnos es, ¿nos lo parecerá de aquí a diez años?"

Otra cuestión por resolver es: ¿qué pasará si las aplicaciones de esos circuitos implantados no son tan cálidas y acogedoras? Los investigadores de Reading advierten que los edificios inteligentes podrían evolucionar de tal forma que harían algo más que dar animadamente los buenos días a los empleados.

"Dentro de una empresa, se podría llevar de forma automática un control de las horas a las que entra y sale cada uno de los empleados —explica la página de Internet de Reading—. En un momento dado se sabría con exactitud dónde y con quién está cada uno... ¿Es eso lo que queremos?"

Lógicamente, ninguna compañía querría ejercer semejante vigilancia sobre sus empleados. ¿O sí? Las pruebas indican que el jefe quiere saber muchísimo sobre cada uno de los que trabajan para él. Lo suficiente para intervenir su teléfono, leer su correo electrónico y vigilar sus movimientos con cámaras.

[fin]

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