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KANSAS CITY,
Mo.—En el
seminario de teología de una iglesia bautista, Michael Whitehead
se dirigió a los alumnos llamándolos «señoras y señores del
jurado», mientras aducía pruebas de la resurrección de Jesús.
Whitehead,
presidente interino del seminario de teología de la Iglesia
Bautista de esa región, ejerce la abogacía en esa ciudad desde
hace veinticinco años.
Antes de
exponer su alegato, Whitehead explicó que el catedrático de
derecho de Harvard Simon Greenleaf llegó a mediados del siglo
XIX a la conclusión de que Jesucristo realmente resucitó.
Greenleaf, autor de un tratado de tres volúmenes sobre las
normas y principios jurídicos que rigen los medios de prueba,
fue uno de los abogados más destacados de su centuria. Era
agnóstico, y no vio pruebas creíbles de la existencia de Dios
hasta que sus alumnos lo desafiaron a aplicar las normas
jurídicas en materia de pruebas a la muerte, entierro y
resurrección de Jesús. Greenleaf aceptó el reto y se dispuso a
probar la sencilla premisa de que los muertos no vuelven a la
vida.
Para demostrar
cómo llegó Greenleaf
a comprobar la certeza de la resurrección, Whitehead pidió a los
presentes que hicieran las veces de jurado y consideraran el
relato del Evangelio como el testimonio de testigos oculares
ante un tribunal: «¿Qué ocurrió con el cadáver de Jesús?»
Whitehead aclara que está permitido presentar como pruebas las
declaraciones de testigos ya fallecidos y documentos de una
antigüedad mayor a los veinte años, con algunas excepciones
dentro de las normas
relativas a testimonios de oídas.
Al convocar a
su primer testigo, refiriéndose a Juan 19:38-42, Whitehead
advirtió los preparativos que se hicieron para sepultar el
cuerpo de Jesús. El pasaje resalta la forma en que acostumbraban
enterrar los judíos: se envolvía el cadáver en tiras de lienzo
y, en este caso, se le aplicaban cien libras de especias (más de
treinta kilos, según el peso de la libra de la época). Se podría
decir que era como si el cuerpo de Jesús estuviera envuelto en
un molde de yeso que pesaba 100 libras de aquel tiempo. |
El siguiente
testigo fue el apóstol San Mateo que, como queda registrado en
el capítulo 27 de su libro, versículo 60, aseguró en su
declaración que Jesús había sido sepultado en una tumba prestada
que luego fue sellada con una «gran piedra ». Whitehead citó al
abogado e ingeniero J. Frank Morrison, el cual señaló que la
piedra podría haber pesado una tonelada y media. Whitehead
advirtió que esas eran las «medidas de protección» que se
aplicaron al cadáver de Jesús.
Prosiguiendo
su declaración, Mateo
afirma en los versículos 62 al 66 que
soldados romanos sumamente preparados montaron guardia ante al
sepulcro y que se puso el sello romano sobre la piedra.
Cualquiera que violara el sello sería sin duda castigado con la
pena de muerte, así como los soldados que vigilaban.
Sin embargo,
pese a los preparativos y precauciones, las pruebas que se
adujeron fueron que el domingo por la mañana se hizo rodar la
piedra alejándola de la entrada, y que el cuerpo ya no estaba.
«¿Qué había sido de él?», preguntó Whitehead.
A la primera
teoría que se propuso,
Whitehead la denominó teoría del cadáver robado, lo cual daría a
entender que los amigos de Jesús debieron de sustraer el cuerpo.
Es más, en la declaración de Mateo se cita que los guardias
testificaron
posteriormente que los discípulos de
Jesús robaron el cuerpo estando ellos dormidos. Whitehead lo
calificó como un testimonio pagado, pues equivaldría a una
declaración de culpabilidad. Si los guardias afirmaron que
estaban dormidos,
¿cómo iban a saber lo que había pasado? Además, es improbable
que hubiesen estado dormidos, pues en ese caso no habrían
cumplido las órdenes que se les dieron y serían condenados a
muerte.
Una segunda
teoría se denominó del
desvanecimiento, y se popularizó con el libro The Passover Plot.
En dicha teoría, resume Whitehead, se sostiene que quizás Jesús
no murió en realidad, sino que lo habían drogado a fin de que
pareciera
muerto. Lo colocaron en la tumba,
y el viento fresco lo revivió. Más tarde escapó del sepulcro y
por error se lo consideró un Redentor resucitado. |
No obstante,
Whitehead preguntó,
¿qué pasa con el testimonio registrado en Juan 19:33-34, en el
que se afirma que le atravesaron el costado a Jesús con un lanza
y brotó sangre y agua? Whitehead puntualiza que los
fisiólogosactuales saben que ello es una prueba de defunción, y
añade que los soldados romanos eran verdugos profesionales y
sabían reconocer un cadáver, por lo
que sabían que Jesús estaba muerto.
Además,
precisa Whitehead, en la
teoría del desvanecimiento se pasan por alto otros datos y
pruebas con relación a la envoltura mortuoria, que pesaba más de
treinta kilos y que quedó encima de la losa, así como de la
enorme piedra que pesaba dos toneladas y los centinelas que
hacían guardia vigilando el sepulcro y el sello romano, y que
habrían de pagar con
su vida si no cumplían su misión.
La teoría de
la resurrección, que se
basa en el testimonio de los discípulos, es la única que se
atiene a lo sucedido y queevidence, se puede probar, concluye
Whitehead.
Agrega que los
discípulos murieron
como mártires por dar testimonio
de que Jesús había resucitado el domingo y que fue visto
cuarenta días después. Cristo explicó que procedió de tal manera
porque es Dios, murió para expiar los pecados de los hombres y
ofrece la resurrección y la vida eterna a cuantos lo acepten.
Whitehead
cuenta que cuandoGreenleaf se percató de que todos los
argumentos expuestos demostraban que Jesús es Dios, aceptó a
Jesucristo como su Salvador y Señor, y su vida se transformó.
Whitehead termina diciendo que, si Jesús resucitó en el año 33,
«sigue con vida en la actualidad, porque es Dios. Se puede
aceptar a Jesús por medio del arrepentimiento y la fe, y con
ello se transforma la vida. Este es el mensaje de la Pascua.» |