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Argumentos en defensa de la Resurrección

Presentados ante el jurado

Por Rebecca Megli, Baptist Press, April 8, 2000

KANSAS CITY, Mo.—En el
seminario de teología de una iglesia bautista, Michael Whitehead se dirigió a los alumnos llamándolos «señoras y señores del jurado», mientras aducía pruebas de la resurrección de Jesús.

Whitehead, presidente interino del seminario de teología de la Iglesia Bautista de esa región, ejerce la abogacía en esa ciudad desde hace veinticinco años.

Antes de exponer su alegato, Whitehead explicó que el catedrático de derecho de Harvard Simon Greenleaf llegó a mediados del siglo XIX a la conclusión de que Jesucristo realmente resucitó. Greenleaf, autor de un tratado de tres volúmenes sobre las normas y principios jurídicos que rigen los medios de prueba, fue uno de los abogados más destacados de su centuria. Era agnóstico, y no vio pruebas creíbles de la existencia de Dios hasta que sus alumnos lo desafiaron a aplicar las normas jurídicas en materia de pruebas a la muerte, entierro y resurrección de Jesús. Greenleaf aceptó el reto y se dispuso a probar la sencilla premisa de que los muertos no vuelven a la vida.

Para demostrar cómo llegó Greenleaf
a comprobar la certeza de la resurrección, Whitehead pidió a los presentes que hicieran las veces de jurado y consideraran el relato del Evangelio como el testimonio de testigos oculares ante un tribunal: «¿Qué ocurrió con el cadáver de Jesús?» Whitehead aclara que está permitido presentar como pruebas las declaraciones de testigos ya fallecidos y documentos de una antigüedad mayor a los veinte años, con algunas excepciones dentro de las normas
relativas a testimonios de oídas.

Al convocar a su primer testigo, refiriéndose a Juan 19:38-42, Whitehead advirtió los preparativos que se hicieron para sepultar el cuerpo de Jesús. El pasaje resalta la forma en que acostumbraban enterrar los judíos: se envolvía el cadáver en tiras de lienzo y, en este caso, se le aplicaban cien libras de especias (más de treinta kilos, según el peso de la libra de la época). Se podría decir que era como si el cuerpo de Jesús estuviera envuelto en un molde de yeso que pesaba 100 libras de aquel tiempo.

El siguiente testigo fue el apóstol San Mateo que, como queda registrado en el capítulo 27 de su libro, versículo 60, aseguró en su declaración que Jesús había sido sepultado en una tumba prestada que luego fue sellada con una «gran piedra ». Whitehead citó al abogado e ingeniero J. Frank Morrison, el cual señaló que la piedra podría haber pesado una tonelada y media. Whitehead advirtió que esas eran las «medidas de protección» que se aplicaron al cadáver de Jesús.

Prosiguiendo su declaración, Mateo
afirma en los versículos 62 al 66 que
soldados romanos sumamente preparados montaron guardia ante al sepulcro y que se puso el sello romano sobre la piedra. Cualquiera que violara el sello sería sin duda castigado con la pena de muerte, así como los soldados que vigilaban.

Sin embargo, pese a los preparativos y precauciones, las pruebas que se adujeron fueron que el domingo por la mañana se hizo rodar la piedra alejándola de la entrada, y que el cuerpo ya no estaba. «¿Qué había sido de él?», preguntó Whitehead.

A la primera teoría que se propuso,
Whitehead la denominó teoría del cadáver robado, lo cual daría a entender que los amigos de Jesús debieron de sustraer el cuerpo. Es más, en la declaración de Mateo se cita que los guardias testificaron
posteriormente que los discípulos de
Jesús robaron el cuerpo estando ellos dormidos. Whitehead lo calificó como un testimonio pagado, pues equivaldría a una declaración de culpabilidad. Si los guardias afirmaron que estaban dormidos,
¿cómo iban a saber lo que había pasado? Además, es improbable que hubiesen estado dormidos, pues en ese caso no habrían cumplido las órdenes que se les dieron y serían condenados a muerte.

Una segunda teoría se denominó del
desvanecimiento, y se popularizó con el libro The Passover Plot. En dicha teoría, resume Whitehead, se sostiene que quizás Jesús no murió en realidad, sino que lo habían drogado a fin de que pareciera
muerto. Lo colocaron en la tumba,
y el viento fresco lo revivió. Más tarde escapó del sepulcro y por error se lo consideró un Redentor resucitado.

No obstante, Whitehead preguntó,
¿qué pasa con el testimonio registrado en Juan 19:33-34, en el que se afirma que le atravesaron el costado a Jesús con un lanza y brotó sangre y agua? Whitehead puntualiza que los fisiólogosactuales saben que ello es una prueba de defunción, y añade que los soldados romanos eran verdugos profesionales y sabían reconocer un cadáver, por lo
que sabían que Jesús estaba muerto.

Además, precisa Whitehead, en la
teoría del desvanecimiento se pasan por alto otros datos y pruebas con relación a la envoltura mortuoria, que pesaba más de treinta kilos y que quedó encima de la losa, así como de la enorme piedra que pesaba dos toneladas y los centinelas que hacían guardia vigilando el sepulcro y el sello romano, y que habrían de pagar con
su vida si no cumplían su misión.

La teoría de la resurrección, que se
basa en el testimonio de los discípulos, es la única que se atiene a lo sucedido y queevidence, se puede probar, concluye Whitehead.

Agrega que los discípulos murieron
como mártires por dar testimonio
de que Jesús había resucitado el domingo y que fue visto cuarenta días después. Cristo explicó que procedió de tal manera porque es Dios, murió para expiar los pecados de los hombres y ofrece la resurrección y la vida eterna a cuantos lo acepten.

Whitehead cuenta que cuandoGreenleaf se percató de que todos los argumentos expuestos demostraban que Jesús es Dios, aceptó a Jesucristo como su Salvador y Señor, y su vida se transformó. Whitehead termina diciendo que, si Jesús resucitó en el año 33, «sigue con vida en la actualidad, porque es Dios. Se puede aceptar a Jesús por medio del arrepentimiento y la fe, y con ello se transforma la vida. Este es el mensaje de la Pascua.»


 

¿Que resucitó? -- ¡Demuéstremelo!

por Dr. Ralph F. Wilson

Estatua de Cristo Redentor encima del monte Corcovado, Brasil

   «¿Que Jesús resucitó? No me tomen
el pelo. A otro perro con ese hueso.»
El apóstol Tomás habría respondido con estas palabras en la actualidad. «Si no viere en Sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré» (Juan 20:25). Tomás había visto otros cadáveres. Era indudable que Jesús estaba muerto. Estas palabras parecen lo que sostendrían sofisticados racionalistas del siglo XXI: «No es verosímil, de modo que no ocurrió».
¿Y si efectivamente ocurrió?

Tomás quedó convencido cuando Jesús se presentó delante de él, le extendió las manos y le pidió que introdujera el dedo en la llaga. Entonces Tomás se arrodilló y exclamó: «¡Señor mío, y Dios mío!»
( Juan 20:27-28).
Se podría rebatir el hecho afirmando
que era un caso de autohipnosis. Los discípulos querían creer que su Señor no estaba muerto. Todo fue un invento.
¿Ah sí? Examinemos algunas pruebas.
En primer lugar, el cuerpo de Jesús
desapareció. Si a los judíos les hubiese sido posible hallar el cuerpo,
habrían acallado la predicación de que había resucitado que se divulgó
por toda Jerusalén. Pero no lograron
encontrarlo.
En segundo lugar, el cadáver no fue robado. Los romanos no tenían motivos para hacerlo. Los judíos tampoco. ¡Ajá! Los discípulos robaron el cadáver. Pensemos en los soldados romanos y en la primera reacción de incredulidad por parte de los discípulos cuando las mujeres
les llevaron la noticia en las primeras horas de la mañana. Esto nos lleva a un tercer factor.
Si los discípulos robaron el cadáver,
lo lógico sería que no se hubieran
jugado la vida. Nadie muere por algo que sabe que no es cierto. Los discípulos, sin embargo, arriesgaron
la vida y casi todos a la larga murieron como mártires por sus por sus creencias.
Sin duda estaban convencidos.

Sin duda estaban Los seguidores de Jesús en Jerusalén no eran al principio más de unas pocas decenas, y aumentaron hasta ser miles y miles al poco tiempo de la resurrección de Jesús. Creían firmemente que esta había tenido lugar.
Incluso otros documentos de la época hacen referencia al hecho. Los escritos de Talo el samaritano, Suetonio, Tácito y Plinio mencionan a Jesús. El historiador judío Flavio Josefo escribió acerca de la crucifixión y resurrección. Todos ellos sabían que
algo había ocurrido.
En realidad, la resurrección de Jesús
es más verosímil que ninguna otra explicación. Por esa razón para los cristianos la Pascua de Resurrección
es una fiesta solemne. Por eso la celebramos.
La resurrección de Jesús significa
que la muerte no es el punto final.
Significa que, aunque mi cuerpo quede en la tierra, Jesús, a quien el Padre resucitó de entre los muertos, nos da vida eterna. Es más, los cristianos creemos que nuestro cuerpo también resucitará de entre los muertos.
Y ya que Jesús no está muerto, es posible conocerlo hoy día y sostener
una estrecha relación con Él. Puedo
nombrar a innumerables personas que darían testimonio de lo que Él ha hecho para llevarlas desde el borde del desastre a una vida llena de paz, sentido y alegría. Él transforma para bien.

 


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